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Pepe y el pescadito

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 Me lo trajeron hace 5 días y allí está, desde entonces, en una repisa al lado de la ventana, así le pega un poquito el sol de la tarde. Sólo debo ocuparme de darle de comer 4 escamitas de un producto hediondo atendiendo, eso sí, a no darle más que eso. Es el típico pescadito de pecera, anaranjado y plata, clásico y común, sin pretenciones, que sólo se diferencia de los cientos que he visto en dibujos animados y revistas infantiles por la pecera:  en lugar del habitual globo de vidrio este vive en un frasco alto y de boca ancha de unos 3 lts. de capacidad.  Al principio cumplí con mi compromiso de cuidarlo, mientras su dueño vacacionaba, casi mecánicamente, como una tarea más, como quien barre o lava los platos. Pero pronto empezó a inquietarme la voracidad con que se abalanzaba sobre las 4 escamitas y la velocidad con que las devoraba. Y me sorprendí varias veces, durante el día, observándolo fijamente recorrer sus 3 lts. de territorio, haciendo como q...

ABAJO EL CARALIBRO! ( Manifiesto anti-tecnológico de un veterano un poco hippie)

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UNO  No tengo prisa. Se donde todo termina para mí : en la exhalación 543.453. No quiero llegar antes, no podré llegar más tarde. Por más que corra hasta allí no viviré más cosas, ni más intensamente, ni más lúcidamente, ni más profundamente. Sólo llegaré más cansado. Por eso no me den instantaneidad, velocidad, aceleración, no me sirven ya. A mí me alcanza con que las cosas sean auténticas, sean de verdad, aunque tengan 256 Mb de Ram. DOS Es fácil hacer nuevos amigos, lo difícil es tener viejos amigos. Yo tengo como 13. No me alcanza el tiempo para encontrarme con ellos y decirnos "Hola" con el corazón abierto . No necesito nuevos amigos, solo quiero estar más con los que hoy tengo y que son mi espejo. TRES No quiero saber que es lo nuevo para comprar, lo último para escuchar, las nuevas tendencias para observar, la onda más cool para curtir ... Ya intenté ser  un chico "moderno" con todo el trabajo que eso da, ya está. Hoy sólo estoy atento a aquello qu...

Brian, el canadiense

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 Soy canadiense, de Prince George, en la British Columbia. Anglófono, no confundirme con un Quebecois, que yo soy casi inglés. Y como tal, ordenado, previsor, no dado a la improvisación. Es fácil que tu vida se desarrolle correctamente en Canadá: este país funciona, bien, como se debe. Será, tal vez, que somos muy pocos para semejante territorio o la capacidad de trabajo y la ambición que trajeron nuestros abuelos y padres, en su gran mayoría emigrantes en busca de "hacer la América", no sé, que lo estudien los sociólogos, yo soy ingeniero, solo sé de mecánica. Y siempre supe, además, lo que quería hacer: trabajar en las minas de uranio, como lo hizo un amigo de mi padre. Supe que en las minas se trabajan 20 años y luego te retirás con una jubilación bien digna. Me parecía un buen negocio, aunque se sabe que es uno de los trabajos más insalubres del mundo y que acorta la espectativa de vida 20%, pero no me importó. De hecho, también fumo 2 paquetes de cigarr...

Una de sudacas

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(Pasaron dos días. Todavía no puedo dormir, me despierto empapado, con la cara del Negro riéndose, mostrándome la boca desdentada y esa lengua larga y afilada. Te escribo esto de madrugada, a ver si poner en palabras las cosas me ayuda a ahuyentar los fantasmas)     Hace apenas 3 días  mi vida transcurría tranquilamente, no digo rutinariamente ya que mi rutina consiste en hacer que cada día sea diferente. Es la vida que llevamos acá, viste? Estás lejos de tu mundo, te hacés la ilusión de que estás más suelto, más libre y a lo mejor es sólo que estás en bolas., ni laburo serio, ni guita, ni horarios, ni amigos, ni na de na. Así cualquiera es más libre. En realidad, me gustaba esa vida. Tiempo, eso si que tenía; es más: me sobraba. Y eso que la Flaca es inquieta y divertida, siempre estaba proponiéndome cosas: "vamos acá", "laburemos", " arreglá la mesita","vamos a bailar"....   La Flaca, pobre Flaca, ella lo pasó peor. Y es la que cargó...

Fauna argenta

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De las muchas especies de argentinos que se encuentran fuera de su país, por lo general versiones mejoradas del argentino doméstico, destaca el Argentinensis Mundustrotadoris. Tienen más de 20 y menos de 30 años. Provienen de distintos sectores sociales y de los más diversos rincones. Suelen caminar solos, pero cada tanto hacen yunta con otro de su misma especie. Generalmente dominan un oficio o varios y algunos tienen un título terciario. Los podés encontrar trabajando en un bar en Manhattan, en una disco en Playa del Carmen, en Galicia o Mykonos o en donde sea, preferiblemente lugares turísticos, habitat que se les hace particularmente apto. Les gusta trabajar, nunca "están tirados", siempre hay un ahorro en el bolsillo. Aunque no es el dinero lo que los mueve: es otra cosa. Ellos aportan a la Biología el conocimiento de que existe el gen del inmigrante. El mismo que heredaron de sus abuelos vascos, ucranianos o del Friuli. Ya desde los 15 a...

El canoso consecuente

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 Todas las mañanas camino 10 cuadras exactas a mi trabajo, 1580 pasos, unos días más y otros menos. Según sea el tono de la mente con el que despierto, algunas caminatas son instrospectivas, la cabeza levemente gacha, los ojos que casi no miran, la mente un tanto acelerada anticipando los movimientos del día y en los auriculares música un poco histérica. Otras, en cambio, son puro cuerpo y corazón, la mente en silencio, los ojos, que no alcanzan, miran la montaña, ahora el lago, otra vez las montañas y vuelven una y otra vez al cielo, a veces de un azul total, rotundo, otras de un gris negro amenazante y casi siempre salpicado de nubes algodonosas.  Suelo tomar distintos itinelrarios, según los días, pero hay un puñado de rincones por los que siempre busco pasar: aquel terreno baldío esquinero desde donde la vista del lago es una postal, aquella calle que va subiendo hasta un grupo de casas que quedan recortadas contra la montaña, dominando, o aquel jardín de l...

Osho

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 A Osho lo conocí a principio de los 80´ en Roma. Yo estaba en una casa extraña con un inoportuno e intenso dolor de muelas. Arriba de una mesa, un libro del Bawhan See Rajneesh (así, o más o menos así, se llamaba Osho en aquel tiempo), de tapas luminosamente anaranjadas atrae mi atención. Comienzo a hojearlo y me encuentro, entre otros pequeños textos, con una profunda meditación sobre el dolor: “Se uno mismo con tu dolor!”, “Penetra profundamente tu dolor” y frases por el estilo, me parecieron sorprendentemente apropiadas para acompañar aquellos momentos de desesperación. No es que el dolor calmara, ni mucho menos. Pero, seguro que aquella noche hubiera sido aún más penosa sin la compañía del recién encontrado Bawhan. Tal vez debido a este incidente, siempre leí con atención y agrado algunos de los innumerables textos que escribió (muchos son, más bien, transcripciones de sus charlas). No fueron muchos, pero si los suficientes, como para simpatizar con este gurú empapado del ...