La Historia oscila
Desde hace un tiempo percibo que ciertos fenómenos sociales no son más que manifestaciones de la fricción que producen fuerzas contradictorias al chocar. Antes pensaba que si había dos fuerzas opuestas, una debía vencer y aniquilar a la otra. La izquierda debía aniquilar a la derecha, los revolucionarios a los reaccionarios, o viceversa y así.
Hoy pienso que las fuerzas opuestas siempre coexisten y tienden al equilibrio y al chocar van determinando el rumbo del mundo, de la vida.
Por ejemplo, veo en perspectiva la lucha que las fuerzas del cambio, de la renovación, de la destrucción creativa, encarnadas en "la juventud", libran con las fuerzas que conservan, que cuidan los saberes, las instituciones y las tradiciones legadas por siglos anteriores del hacer humano. Esta lucha nunca terminará: a veces las dos fuerzas están en equilibrio; otras, una de las dos predomina por un tiempo; luego la otra se impone hasta que vuelven al equilibrio. Así evolucionamos desde que el mundo es mundo.
Por ejemplo, veo en perspectiva la lucha que las fuerzas del cambio, de la renovación, de la destrucción creativa, encarnadas en "la juventud", libran con las fuerzas que conservan, que cuidan los saberes, las instituciones y las tradiciones legadas por siglos anteriores del hacer humano. Esta lucha nunca terminará: a veces las dos fuerzas están en equilibrio; otras, una de las dos predomina por un tiempo; luego la otra se impone hasta que vuelven al equilibrio. Así evolucionamos desde que el mundo es mundo.
De la Argentina "pre-revolucionaria" del 73 a la Dictadura Militar; de los 60, Woodstock y los hippies a Reagan y Bush, del Franquismo a la Movida Madrileña, de Nestor Kirchner a Javier Milei, por poner ejemplos extremos, así va el mundo oscilando de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, como el péndulo de un reloj, buscando el equilibrio.
De jóvenes queremos liquidar a los enemigos. Después comprendemos que ellos son nosotros, pero del otro lado.

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