Este es el epílogo del libro que acabo de terminar de escribir

 

 

 



  Conviviendo con la Incertidumbre

 A modo de epílogo

“…describo la desconcertante limitación de nuestra mente: nuestra excesiva confianza en lo que creemos saber y nuestra aparente incapacidad para reconocer las dimensiones de nuestra ignorancia y la incertidumbre del mundo en que vivimos. Si pudiese cambiar algo de la condición humana, cambiaría este exceso de confianza, esta convicción que tenemos de confiar enormemente cuando en realidad sabemos muy poco.”

   (Daniel Kahneman, “Pensar rápido, Pensar despacio” Premio Nobel de Economía 2002)

 

  En 1500 la población mundial era de 500 millones de habitantes. Para muchos de ellos el conocimiento, que era esencialmente la palabra de Dios, ocupaba las páginas de un libro, por ejemplo de la Biblia o del Corán. Lo que no estaba en los libros no era necesario saberlo.

 500 años después, cuando poblamos el planeta más de 8 mil millones, podemos estimar lo que ocupa el conocimiento que la humanidad ha producido  calculando la cantidad de datos que contiene Internet.  Por la Web circulan 200 mil millones de terabytes. En un terabyte caben, digitalizados, casi un millón de libros voluminosos. Nuestro conocimiento se ha expandido exponencialmente.

  Sin embargo, creo que esta danza infinita de datos, en vez de ayudarnos, nos está confundiendo, nos está mareando. Estamos embriagados.

  El clima mental que envuelve nuestra época habla de incertidumbre. De este recorrido por las ideas con las que los hombres y mujeres de mi tiempo nos explicamos el mundo me quedan preguntas, no certezas.  Todo está en movimiento, inestable, en un proceso vertiginoso de cambio. Quienes conducen los países, las instituciones, las economías también muestran desconcierto como si no supieran muy bien que hacer. Salvo confrontar con los enemigos que se construyen para enmascarar su ignorancia.

  Qué apropiado resulta que, en momentos así, aparezcan líderes afirmando con énfasis: “Yo sé”.

  Es este el tiempo de quienes no dudan. ¿Nos librarán ellos de la incómoda incertidumbre?

  Entiendo que para actuar, para liderar es necesario creer firmemente en lo que se propone. Pero me pregunto si la convicción no es hoy una cualidad sobrevalorada, incluso sobreactuada.

  Expreso un temor:  un mundo conducido, por los hiper-convencidos, ¿no es un mundo predispuesto al conflicto?

  ¿No será este un momento en que, como afirma Kahneman, sería positivo permitirnos dudar de lo que creemos?

  El neurocientífico argentino Mariano Sigman  expone en su libro ”El poder de las Palabras”  que existen individuos que dudan como sistema. Los denomina “grises de alta confianza” y afirma que pueden tener un fuerte impacto positivo en grupos en donde existen posiciones opuestas.  Se refiere a quienes no están convencidos de que dadas  dos ideas contradictorias se deba elegir una. Ellos sostienen que muchas veces en las dos posiciones suele haber buenos argumentos. Y lo afirman convencidos de que se puede y conviene escucharlos a todos por distantes que sean.

  Y lo hacen.

  Para quienes son “negros o blancos”  esto no es posible ya que la atención de los argumentos contrarios no es abierta,  está sesgada por los propios. En definitiva son los “grises” la clave para lograr consenso en grupos donde este parece inalcanzable.

  Ante la polarización que hoy está tan presente en la discusión pública y en tantos campos del pensamiento intuyo que la presencia de “grises de alta confianza” en gobiernos, medios de comunicación, academias e instituciones haría del mundo un lugar más amable. Y, probablemente, también mejor.

 Termino escribiendo las últimas palabras de  las 31.000 que componen estas páginas. A todas ellas me costó trabajo encontrarlas y ordenarlas pero siento que mientras  las buscaba y las escribía mi vida ha tenido más sentido. Lo agradezco a quien corresponda.

  Solo me queda, al escribir la última, el deseo de que lo que dicen dispare el pensamiento y la reflexión de quienes las lean.

                                                        San Carlos de Bariloche, 5 de Mayo de 2026



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